No eres solo ternura…
eres la calma que llega después del desastre,
la razón por la que un corazón cansado
decide latir una vez más.
Tienes esa forma peligrosa de ser suave,
de desarmar el dolor sin hacer ruido,
como si en tus manos el mundo
olvidara todo lo que ha sufrido.
No es solo tu risa…
es lo que provoca:
esperanza en quien ya no creía,
luz en quien se ahogaba en sombras.
Eres adorable, sí…
pero también inevitable,
como el calor que rompe el invierno,
como algo que no se puede ignorar ni olvidar.
Y lo más dulce de ti
no es lo que muestras…
es lo que haces sentir:
que incluso en un mundo roto,
aún queda algo por lo que vale la pena vivir.