La poesía me salva en el instante del ahogo, en el naufragio del alma ella llega a mi auxilio, al rescate, no me deja morir en la agonía, se presenta abiertamente y se convierte en mi calma. ¿Poesía, cuántas veces me has salvado? ¿Cuántas veces en tí mi angustia, se desgarra apuñalada? Y las lágrimas se riegan en la cruel desesperanza, Cómo no amarte, idolatrarte, cómo escapar de tu fuego, si eres luz en las tinieblas, si eres paz en las montañas. En ti escribo que me odio, que los odio, y me vuelves al camino del sosiego, a esa fe que se me escapa, cuando siento que no puedo.
Diosa seria tu nombre, si tuviera que llamarte, describirte. Si me preguntan por ti, diré, que eres más que arte, que eres más que un simple verso, que más allá de la métrica, tu poder es como el cielo, que aunque muchos te contemplan, pocos logran alcanzarte.
No me faltes poesía,
que sin tí el mundo es cruel,
en este mundo de disfraces,
solo en ti puedo creer
Jatzycas