Rosa abre cada mañana
su tienda de pan y olvido,
y en la puerta una campana
le canta lo que ha perdido.
Saluda a todos por nombre
aunque a veces se confunda,
dice que el tiempo es un hombre
que llega y nunca pregunta.
Entre azúcar y harina
va amasando su memoria,
cada receta adivina
un pedazo de su historia.
Y al cerrar, cuando anochece,
mira el cielo despacito,
como quien aún le agradece
haber amado un poquito.
EmilioDr.Mayo 5/2026