Andrés DC

AutoMantra...

Hay pensamientos

que no vienen a quedarse,

pero se sientan como si tuvieran derecho.

 

Aparecen sin avisar

con la forma de lo que aún duele,

y traen preguntas

que no llevan a ningún sitio.

 

A veces hablan de lo que pudo ser.

Otras, de lo que quizá será.

Casi nunca de lo que es.

 

Ahí es donde me pierdo.

 

Me pierdo cuando miro hacia fuera,

cuando convierto el silencio

en posibilidad,

cuando sigo en algo

que ya no se mantiene.

 

No es que no lo vea.

Es que, durante un momento,

decido no mirarlo.

 

Porque hay algo en mí

que todavía espera ser elegido

por quien ya no está.

 

Y eso no me hace débil.

No decide por mí.

 

No decide dónde me quedo,

ni cuánto tiempo espero

ni cuánto de mí dejo en pausa.

 

Ya no permanezco

donde tengo que imaginar demasiado.

 

No se trata de dejar de sentir.

Ni de borrar lo que fue.

Se trata de no construir futuro

sobre lo que no se mueve.

 

De no confundirme.

 

Así que cuando vuelva (porque volverá)

ese pensamiento que insiste, 

haré lo único que depende de mí:

 

Esto ya no me pertenece.

 

Y volveré, sin dudarlo,

a donde no haga falta convencer a nadie.