La Invitación
Te invito a mi vida,
si así lo deseas,
sin maletas, sin mapas,
sin promesas que pesen más que el aire.
Ven con las manos vacías
y el corazón abierto,
como quien llega a la orilla
sin saber si el mar lo espera o lo abraza.
No traigas nada,
ni siquiera certezas;
aquí caben tus dudas
como caben las estrellas en la noche.
Te invito a mi vida
con sus días de lluvia lenta
y sus amaneceres que huelen a esperanza,
con sus grietas,
donde crecen flores que nadie sembró.
Ven así,
tal como eres cuando nadie mira,
cuando el silencio te nombra
y te reconoces sin máscaras.
No hace falta que seas fuerte,
ni que tengas respuestas,
ni que ordenes el caos que a veces te habita;
aquí el desorden también es casa,
también es refugio.
Te invito a quedarte en mis horas simples,
en el café tibio de la mañana,
en las risas que nacen sin motivo,
en los instantes que no se explican
pero se sienten eternos.
Ven a caminar con mis miedos,
a encender luz en mis rincones,
a descubrir conmigo
que el amor no es perfecto,
pero sí profundo.
No traigas nada, te digo,
porque aquí lo construiremos todo:
los sueños,
las ganas,
los caminos que aún no existen.
Solo ven,
con tu historia latiendo despacio,
con tus heridas aprendiendo a cerrar,
con tu forma única de ver el mundo.
Te invito a mi vida
no como quien ofrece un destino,
sino como quien abre una puerta
y se queda esperando,
sin exigir que la cruces.
Y si decides venir,
que sea por ese impulso suave
que no necesita razones,
por esa certeza tranquila
que no sabe explicarse.
Aquí estaré,
con los brazos hechos hogar,
con el tiempo dispuesto a escucharte,
con el alma lista
para encontrarse con la tuya.
Ven, si así lo deseas…
porque mi vida,
desde este instante,
también sabe pronunciar tu nombre.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Noviembre, 2021.