El miedo no es mi amigo.
No me da la mano
ni me promete calma.
Tampoco es mi enemigo.
No viene a destruirme
ni a robarme la vida.
Pero vive conmigo.
Se sienta en una esquina del pecho,
observa sin hablar,
respira cuando yo respiro
y a veces
respira más fuerte.
No siempre lo entiendo.
A veces me encoge el mundo,
a veces me lo señala.
No le he puesto nombre,
porque nombrarlo sería
querer dominarlo.
Y no.
No lo domino.
Convivo.
Hay días en que pesa,
como una sombra pegada al suelo.
Y otros…
en que solo es un susurro
que me recuerda
que sigo sintiendo.
He querido echarlo,
cerrarle la puerta,
olvidar que existe.
Pero siempre vuelve
sin hacer ruido,
como vuelven las cosas
que aún no han terminado de decirse.
Así que lo dejo estar.
No le hablo,
pero tampoco huyo.
Porque he aprendido algo,
sin libros, sin teoría:
lo que vive contigo
no siempre viene a dañarte.
A veces
solo espera
a que lo mires sin temblar.
Antonio Portillo Spinola ©️