En silencio te busco,
sin más compañía
que mi desventura.
Vagando voy
por las murallas de mi ofuscación,
y tengo miedo a no encontrarte,
a perder el último eslabón
que nos amarra.
Sigo tus pasos,
los que te conducen
al lecho de mi desespero;
a otros labios que no son los míos,
a la codicia de otra boca
que te susurra palabras ilusorias,
en las que tú, complacido te sumerges
sin ni siquiera mirar atrás.
Siento la frialdad de tu ausencia,
y un vértigo que me arrastra
a mi desabrigo.
Un hilo delgado de fiebre
recorre mis venas,
mientras un filo punzante
me triza el aliento.