Un samuray con una coctelera
Un duende que elije su cuarentena
Un rosario, un dios, una ramera
Dejando esa prisión, tu gangrena
Sandokan con el mar a cuestas
La barca late con insolencia
Ya nadie leerá tu remera
Algo aterriza y se eleva
Ejercito de cozacos
Que su piel silencian
Un laberinto armado
Una luz, una penitencia
Un sol de estaño
Y tus velas que se entregan
Si la noche es simulacro
Solo queda estar afuera