Nalia

Ruego

Ruego por clemencia

a un Dios que desconozco,

confieso mis pecados

como si al nombrarlos

pudiera soltarlos.

 

Cansada de este mundo,

tan cruel y tan machista,

que pesa más el ego

que el valor de una vida.

 

Camino entre miradas

que juzgan sin motivo,

que dictan lo que valgo

sin haberme conocido.

 

Cargo con el ruido

de voces que lastiman,

que intentan reducirme

a un molde que no es mío.

 

Pero algo en mí resiste,

se niega a ser ceniza,

aunque rece en silencio

a un Dios que no me mira.

 

Y sigo, aun quebrada,

con fe o con su ausencia,

aprendiendo a salvarme

sin pedir más clemencia.