Poeta de media noche

Manía de una despedida

Te amé hasta romperme,

hasta quedarme sin nombre en mi propia piel,

hasta que mi voz solo sabía decirte

aunque ya no estuvieras.

Fuiste mi herida más hermosa,

mi error más perfecto,

la forma más cruel

en la que aprendí a amar.

Te quise con esa locura

que no pide permiso ni perdón,

con el tipo de amor

que se vuelve incendio…

y luego ceniza.

Y mírame ahora,

recogiendo pedazos de lo que fui contigo,

hablándole al vacío

como si aún pudieras escucharme.

Porque no te fuiste del todo,

te quedaste en cada cosa absurda:

en las canciones, en el silencio,

en este maldito corazón que no entiende.

Pero ya no estás…

y eso es lo único que importa.

No hay regreso,

no hay destino que nos cruce otra vez,

no hay milagro que repare

lo que se murió sin avisar.

Te perdí…

y en ese instante

también me perdí yo.

Y aunque la vida siga,

aunque el mundo no se detenga,

hay algo aquí dentro

que se quedó contigo para siempre.