Se alejó sin decir nada pero no se fue en realidad
siempre en silencio pero causando dolor,
apretandome el pecho sin dejarme respirar
como si disfrutara ese eterno adios.
Pasaron años y seguía ahi, ausente pero doliendo,
y por más que trataba de ser feliz era imposible a su lado
flotando entre sus brazos me senti prisionera tanto tiempo
que ahora en libertad puedo sonreir.
Pense en un momento que lo merecia
que ese amor nunca fue para mi y el dolor era mi sentencia
y me quede en silencio esperando que me llevara la muerte un día,
pero al final me rendi y nunca me llevo, solo empecé a ser feliz... sin querer.