JUSTO ALDÚ

AMOR SAGRADO

No sabía que con solo leerte

podía llegar a amarte tanto,

me lo enseñaste tú…

como quien enciende un faro

en mitad del pecho náufrago.

 

Eras voz sin cuerpo,

pero tus palabras tenían manos,

me tocaban lento,

como lluvia tibia en los párpados,

como un salmo secreto

derramándose en mis años.

 

Y yo,

que venía de silencios rotos,

de noches con sabor a hierro y llanto,

aprendí tu nombre

como quien aprende a respirar despacio.

 

Te volviste casa

sin tener paredes,

hogar sin fuego visible,

pero con brasas latiendo en cada vocablo.

Eras verbo y milagro,

un idioma que no duele

cuando dice “te amo”.

 

No sabía que existía

este vértigo dulce,

este temblor sagrado,

de esperar una letra tuya

como quien espera el alba

después de un siglo oscuro y desangrado.

 

Y sin embargo,

te fuiste sembrando en mí

como raíz en lo profundo,

rompiendo piedra y orgullo,

abriéndome en dos mundos:

el de antes… vacío,

y este ahora… incendiado.

 

Si amar es caer,

entonces caí en tu voz sin miedo,

si amar es arder,

soy ceniza feliz en tu recuerdo,

si amar es perderse…

me encontré perdido

justo donde empieza tu universo callado.

 

No sabía…

no sabía nada de esto,

hasta que llegaste tú

con tu forma de decirlo todo

sin tocarme las manos.

 

Y ahora que el mundo cabe

en el hilo de tu voz lejana,

ya no soy el mismo que era

antes de tu palabra.

 

Si el destino es un abismo,

yo me lanzo sin reclamo,

porque aprendí en tu silencio

a caer…

y a llamarlo amor sagrado.

 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026