Julio se sienta en la esquina
con su sombrero gastado,
dice que el tiempo camina
pero a él lo dejó parado.
Tiene un reloj sin apuro
y una historia en cada arruga,
que cuenta mirando el muro
mientras la tarde se fuga.
Nadie le debe ni un peso,
ni él le debe nada a nadie,
pero guarda algún beso
de un amor que ya no arde.
Y aunque parezca vencido,
lleva en su voz la certeza:
que quien ha tanto vivido
no le teme a la tristeza.
EmilioDr.Mayo 4,26