La vida pasa y el corazón resiente.
El tiempo no se detiene y dejas de sentir.
Asumes el dolor como eje de la vida,
no hay cambios, solo costumbre,
y así, todo se convierte en ciclos.
Hasta que un día, sin ninguna advertencia,
pasa algo… llega alguien, y todo te empuja
a volver a sentir,
a volver a vivir,
a volver a temblar,
a volver a reír.
Entonces llegaste tú,
sin razón, sin sentido, sin advertencia.
Tu sonrisa, tu forma de vivir… simplemente tú.
Lo que tú me haces sentir,
la paz de tu corazón en el mío,
mis manos en tu piel,
o tus manos en mi cabeza.
Muchas horas de charla,
las bonitas palabras,
el deber de irte, pero las ganas de quedarte.
Y así, una tarde llegué a ti…
y así volví a sentir al sentirte,
volví a vivir al vivirte,
volví a temblar al verte,
volví a reír al besarte,
como si nunca hubiera dejado de sentir.