Ahora pesa menos por dentro.
No en kilos, sino en desorden.
Anoche dejé caer, una a una,
las cargas que llevaba escondidas
en los bolsillos:
dudas que ya no servían,
miedos que sólo sabían apretar,
palabras que me callé demasiado tiempo.
Eso que uno guarda, por si acaso,
aunque no sirva para nada.
No sonaba a victoria,
ni a gloria,
ni a ningún final épico.
Era más bien un suspiro
que encontró salida,
una verdad que arde al pasar, pero que,
cuando sale, te deja espacio para respirar.
Ahora camino distinto.
Como si mis huesos recordaran
que pueden sostenerse sin ayuda.
Como si el peso
hubiera cambiado de lugar.