ErikMartz

La Arquitectura de su Alma

Se mueve con la inercia del río y de la rama, donde nada es exceso ni existe el movimiento en vano. Es la precisión exacta de la selva que proclama que la belleza es útil si se tiene a la mano.

No hay sitio en su camino para lo que es superfluo, entiende que lo armónico reside en la función.

Su andar es un refugio, un alivio armonioso, en un mundo que aturde con ruido y confusión.

 

Su mente es un reloj de finísima orfebrería, analiza el engranaje de toda la realidad.

No critica por orgullo ni por vana jerarquía, sino por ver en todo la total integridad.

 

Amar es, para ella, descifrar los pormenores, fijarse en lo pequeño que el resto no alcanzó.

Es dar la solución antes de los sinsabores y estar presente siempre donde el plan se fracturó.

 

En sus horas de silencio una fuerza se gestiona, observa con la calma que desarma la intención.

Te lee entre las líneas, tu duda la emociona, y te brinda una empatía de práctica razón.

 

No lanza al aire nunca la promesa que se olvida, sus manos solo ofrecen la acción que es de verdad.

Es la lealtad profunda, de roca y de medida, una entrega inquebrantable de total honestidad.

 

Artesana de su sino, de su tiempo y de su espacio, prefiere un buen momento a la vana cantidad.

Vive cada libro y consejo muy despacio, poniendo en su entorno un sello de pulcritud y paz.

 

Hay una nobleza muda en su forma de ordenarlo, parece que al poner cada cosa en su lugar, su mundo interno logra por fin equilibrar lo y encuentra en la estructura el sosiego de su hogar.

 

Se muestra a veces lejos, tras muros de prudencia, pero es solo el filtro de quien sabe valorar.

Su tiempo es un tesoro, su paz es una ciencia, y solo la verdad es la llave para entrar.

 

Detecta la mentira como nota disonante, un error en la partitura de su recto proceder.

Mas si ganas su confianza, descubrirás al instante un jardín de mil ternuras difícil de creer.

 

Sabe que crecer es un proceso de raíces, que se afianzan en la tierra antes de buscar el sol.

Tiene la paciencia que borra las cicatrices y el temple de los sabios en su firme control.

 

No se deja arrastrar por el impulso del momento, prefiere el camino trazado con gran seguridad.

Su meta es un faro que no apaga ningún viento, un compromiso eterno con su propia claridad.

 

Su elegancia no nace de la seda ni el encaje, es una sencillez imponente y muy real.

Se viste de confianza para todo su viaje y se adorna con la coherencia de su obrar moral.

 

Es la misma persona en la luz y en la sombra, una solidez de carácter que el tiempo no ha de gastar.

No hace falta el estruendo de quien fuerte se nombra, pues su huella es profunda sin tener que gritar.

 

En la conversación es descanso del sentido, desmenuza lo complejo con asombrosa agilidad.

Escucharla es hallar el pensamiento perdido y poner en orden toda la propia voluntad.

 

Su ingenio es afilado, pero siempre constructivo, quiere elevar el alma de quien tiene frente a sí.

No teme a la rutina ni al trabajo decisivo, pues sabe que en la constancia se dice siempre \"sí\".

 

Es la columna firme que sostiene los proyectos, revisa los cimientos para que nada pueda caer.

La excelencia es su norma, sus planos son rectos, aunque sea una carga pesada que debe sostener.

 

Al final de la jornada, es el fiel equilibrio, entre la fría razón y la dulce sensibilidad.

Es tierra bendecida, libre de todo delirio, donde florece el brillo de la máxima verdad.

 

Es el corazón que sirve sin esperar la gloria, un encanto que no muere, que se logra refinar.

Como el vino que se cuida y se guarda en la memoria, ella es la perfección que el alma sabe admirar.