Antonio Portillo

El lugar al que regresé

Tenía seis años
y el mundo era más grande que mi nombre.
Un autobús.
Una ventana donde todo huía.
Y en algún punto,
sin saber por qué,
me bajé donde no era.
Nadie esperaba.
No había mapa.
Ni voz.
Solo calles ajenas
y un niño
con el pulso abierto.
El miedo…
no sé si habló.
Quizá ya vivía conmigo.
Caminé.
Sin saber cuánto,
sin saber cómo,
pero caminé.
Como si algo antiguo
recordara el camino
por mí.
Y llegué.
A mi casa.
A la puerta.
Al lugar donde el mundo
volvía a caber.
Y entonces,
como si nada,
me puse a jugar en la calle.
La tarde rodando en una pelota,
la aventura deshecha en polvo.
Hasta su voz.
Mi madre.
No traía ira,
sino ese temblor
que solo tiene el amor
cuando casi pierde.
Me habían buscado.
Y yo allí,
con las manos llenas de juego,
sin saber
que había vuelto
de más lejos que una calle.
Aún hoy
no lo entiendo.
Pero sé esto:
hay algo en mí
que no se pierde.
Algo que, incluso a ciegas,
encuentra.
Y quizá ese algo
es lo que hace
que el miedo
no sea dueño,
ni enemigo,
solo
alguien
que vive conmigo.

 

Antonio Portillo Spinola ©️