Sí, tengo un poco de malicia,
no fue elección, fue necesario,
crecí viendo la injusticia
servirse en platos diarios.
Calles llenas de historias
que nadie quiere contar,
unos pierden la vida
antes de que pueda empezar.
Donde el hambre no perdona
ni pregunta por tu edad,
y la vida te cuestiona
si naciste para aguantar.
Pero la pobreza no siempre
es sinónimo de vagancia,
hay sueños que siguen vivos
aunque otros elijan la ignorancia.
Vi amigos tomar atajos
por no ver otra salida,
cuando se cae tan bajo
también se pierde la vida.
La situación te obliga
a ser fuerte o indiferente,
unos luchan por cambiar…
y otros se vuelven delincuentes.
Y aunque el barrio te marca
no se deja todo a la suerte,
el que sobrevive ahí
tuvo roces con la muerte.