Yo anhelaba vislumbrar por una ventana
un sol radiante y cálido
que traspasara mi alma
sin desasosiego ni altanería,
pero contemplé un frío inesperado
que tomó mi cuerpo calmado, tierno
y vivo para relatarlo;
una decepción más y sigo atestiguando.
No huí detrás del dolor,
ellos me acecharon
y mis pies pequeños no pudieron
escapar tanto para no ser alcanzado.
Un año de soledades y desprecios...
no sabía ni el significado de eso,
solo asumí la desgracia y el desconsuelo
como algo poético.
Solo saboreé lo amargo y cuando tragué,
conocí el dolor, pude conocer su sabor
y no me agradó.
Seguí asumiendo y aceptando,
y entre tanto y tanto
solo quise
dejar de sentir este amargo.
Seguiré rondando por su casa,
tal vez logre hallar tu mirada
que disipe mi amargura y nostalgia.