¿Su nombre?
Lo dicen.
¿El mío?
No importa.
¿Su vida?
En orden.
¿La mía?
Una mentira.
¿Ella?
Muerta.
¿Yo?
Aquí.
¿Por qué?
Se lo pregunto al destino
como si tuviera voz.
¿Te equivocaste?
¿Era yo?
No responde.
El azar estaba ahí.
Mirando.
La muerte también.
Ninguna eligió.
Ninguna dudó.
Solo pasó.
Sigo diciendo
que estudio,
que voy bien,
que todo tiene sentido.
No es verdad.
Ella estaba por terminar.
Yo ni siquiera sé empezar.
Y aun así
fui yo
quien se quedó.
El azar no explica.
La muerte tampoco.
Y yo sigo aquí,
intentando entender
algo
que no tenía sentido
desde el inicio.