Aitor Muñoz Pérez

El telón y la hilandera

Veloz lazo que pincela

cada cuerpo en su color

desde las manos del cielo

se cernía, amanecía. 

Y de tanto amanecer

avanzaba el ser humano,

con el resto de la vida,

justo a ver anochecer, 

como todo lo mundano.

Cada vuelta con su ida,

cada venir con marchar:

esta ley no va a mudar

como que la vida vive

de la vida, y el dinero,

su justo representante 

en el inventado mundo

de la ciudad hormiguero,

tampoco encuentra salida.

Lento pero inexorable

telón, guillotina cana

sobre el cielo como tabla

se cernía, anochecía.