Veloz lazo que pincela
cada cuerpo en su color
desde las manos del cielo
se cernía, amanecía.
Y de tanto amanecer
avanzaba el ser humano,
con el resto de la vida,
justo a ver anochecer,
como todo lo mundano.
Cada vuelta con su ida,
cada venir con marchar:
esta ley no va a mudar
como que la vida vive
de la vida, y el dinero,
su justo representante
en el inventado mundo
de la ciudad hormiguero,
tampoco encuentra salida.
Lento pero inexorable
telón, guillotina cana
sobre el cielo como tabla
se cernía, anochecía.