Me senté en una tarde naranja
en la mecedora ya oxidada,
me reclamó el olvido el atreverme a pensar
en el yelmo pasado que me dio la bondad.
Puse entonces en marcha gran iris dorado
pues brillaba el sol en tan tierno clavel
el gritaba tan bello \"me muero mi cielo\"
No detúvose el tiempo a mirar desconsuelo.
Quebrándose entonces llenó el vacío
mis pensamientos banales que lloraba abril
eran cinco cuarenta y parecía invierno
habían robles frondosos ya muertos de pie
y seguía sentado en la silla oxidada
en la tarde naranja que prometió no volver