Milagros Gomez

Terror Poético: Canicería

Necesito a alguien

que me desvista la carne.

 

Que le compre etiquetas a mis huesos

y haga uso de un precio:

el que yo no puedo dármelo.

 

Necesito, entonces, una carnicería:

que a mi carne de ternera

la vendan como artista

 

y que mi cuello de cisne sea desplumado entre maniobras.

 

Cuchillas en mis plantas del pie

lo mutilen,

pavimentando con pasos

 

un nuevo piso para danzar

o una laguna para descender.

 

Y, al veneno de mi aguijón,

máquinas lo expriman de mis tripas.

Pasar de escorpión a calamar:

hundida en mi mar carmesí.

 

Con ese metal gastado en mí,

edifiquen un anillo.

 

Un último estatus

para

el sueño

que yace

en parálisis.

 

Yo conozco a la que soy,

y no hay tonalidad

que se invente de un arcoíris;

 

todos los colores ya fueron impresos.

 

Pero alguien más puede reconocer

a la que aún no he de ser.

La que va a ser transformada

 

en un filete,

 

distorsionada por el aceite de una sartén.

Arropada por el barullo de los condimentos.

 

¿No ves esta carne sazonada por la obsesión?

 

Aún se puede de ella, hacer caldo.

Una comida

que lleve el valor de un precio:

 

una última obra...

un fondo de olla al que descender.