Hoy es domingo.
El calendario es un grito de tinta,
una herida que mayo abre.
No necesito fechas para sangrarte.
La muerte rondó la puerta
y tú te fuiste con ella
por el cansancio.
¿Qué te puedo regalar, madre?
La vida no puedo.
Hoy es domingo
y todos los días son este martes vestido de espinas
desde que te fuiste.
Me duelen los brazos de abrazar la nada,
buscando tu carne.
Tu carne es mi carne
y al no poder tocarte
me traga este frío.
Madre,
yo solo quiero sentir tu mirada.
Y sin embargo… te siento.
En lo que no tiene nombre.
En la taza que aún recuerda tus manos,
en el aire que baja la voz cuando paso,
como si el mundo supiera callar por respeto.
Te has vuelto una forma de estar sin cuerpo,
una presencia que no se agota,
una sombra que no oscurece,
porque en ti la sombra también ama.
No te fuiste del todo.
Te repartiste.
Estás en mi forma de mirar el dolor
sin romperme del todo.
En la paciencia que no sabía que tenía.
En este modo de seguir
aunque algo dentro haya dejado de tener respuesta.
Madre,
si toco mi pecho
te encuentro.
Y si cierro los ojos
no es oscuridad lo que aparece,
eres tú
insistiendo en no irte del todo.
Antonio Portillo Spinola ©️