Se que parezco,
Un caudillo del delirio ardiente,
Que dispara fieras, también flores.
Se que aparezco,
Engullido de propuestas indecentes,
Que fulguren al compás de tus rubores.
Y si... pero, todo menos afanoso,
A pesar del aparente cruel ahínco.
Más, empinate en virtudes, victoriosa,
Y confierele un zarpazo,
A tu bello y dulce abismo...
Porqué yo aderezaré cada pistilo,
De tu espíritu tronante y mar florido.
Y confía...
Que habrá un rugir de luna,
Derramado en tu hermosura,
Cómo dioses abatidos.