Leoness

El grito en el acantilado del tiempo

Sobre la roca herida, donde el mar se quebranta,

una mujer le grita al vacío que no responde.

No son palabras lo que exhala su garganta,

sino el eco de los siglos que el horizonte esconde.

 

A su alrededor, el tiempo ha perdido su cauce,

relojes náufragos flotan en el aire denso,

esferas de cristal estallan, el viento seduce,

engranajes mudos, que arden en incienso.

 

Sus manos buscan contener el vendaval de horas,

mientras el cielo se tiñe con la rabia del averno,

ella es el centro de un torbellino de demoras,

una figura anclada en el abismo, voceando a lo eterno.

 

¡Detente!, implora su voz a la tormenta de agujas,

pero el tic-tac se vuelve espuma en la marea negra,

solo queda el rastro, que los minutos desintegra,

y esa mujer que, al gritar, se envuelve en burbujas.

 

¡Estalla el tiempo, gritan las olas, ella sueña con el viento!