Ya lo dijo Lechowski: donde duele, inspira.
Mira, aquel que hizo llorar a la lira
es porque ya comprendió a su dolor
y ya hizo las paces con el amor.
Ya pasó de “mierda” a comprender,
pasó de ver a observar y entender.
Ahogó al Narcizo que en él florecía
y se llenó de lo que carecía.
Parecía roto; solo estaba mal armado.
Parecía frío; solo estaba mal amado.
Al final, las apariencias son eso,
y se rompen por el mínimo suceso.