Una mujer desnuda
se acerca a mi cama,
viene cada noche
sin que yo la llamara.
Ella me perturba
y no puedo evitarla,
tiene una fragancia
que embriaga mi alma.
Con un bello cuerpo
de diosa encantada,
es largo el pelo
que cubre su espalda.
Tiene ojos azules
de intensa mirada,
los pechos, firmes,
como un par de dagas.
De labios muy rojos,
cual dulce manzana…
Ella me confunde
y deseo tocarla,
trato de hacerlo,
pero no logro nada.
¿Es un enigma
o un alma encantada
que vaga en la noche
buscando morada?
Quizás sea un castigo…
porque nunca yo creí
en fantasmas.
El Huagiro
Madrid, julio de 2016