Me han derrocado por fin de tu ser,
cuando creía tu amor infalible
nos alcanzó aquel epílogo horrible
y marchitó tu arcoíris, mujer.
Nuestra pasión terminó por barullo,
por tanta abulia, por tanta apatía,
porque la culpa fue tuya y fue mía
aunque dijera otra cosa el orgullo.
Aquellos días que juntos vivimos,
no volverán aunque el tiempo regrese
pues ya murió la ilusión que tuvimos,
porque no hay forma de que el sufrimiento
que me hace daño y también me estremece,
me deje en paz aunque sea un momento.
Y ya verás, corazón indecente,
que no planeo cambiar tu destino;
yo decidí bifurcar el camino
y desterrarte, por fin, de mi mente,
y mi deseo es mirarte feliz
y no enlazada a los hombres infames,
para que lágrimas ya no derrames
sobre tu rostro perfecto de lis.
Ya no te inmerses jamás en la hiel
sino en un mar de infinita alegría
que tenga amor verdadero a granel,
para que tú, de mi vida, lejana,
puedas borrar la fatal cobardía
con que eclipsé tu mirada temprana.
Al embriagarme en tu rojo embeleso
que danza igual que frontera de mar,
me he percatado que debo nadar
siempre en la extinta laguna de un beso,
y que la cuita alojada en mi mente
solo con dosis de nuestro pasado,
con un suspiro febril y encantado
se marchará de manera silente.
Yo mientras tanto, diré una mentira
al corazón para hacerle creer
que hay otro rostro y ahora me inspira,
para salvar la tristeza terrible
con la que tú fusilaste, mujer,
las ilusiones de mi alma sensible.
Ya sin tu amor, por caminos distantes,
voy orbitando los rasgos del mundo
con equipaje mortal, tremebundo,
ya sin quimeras o sueños de amante.
Sin tu presencia, no logro cantar,
he aterrizado en el negro mutismo
que me va hundiendo en el tétrico abismo
donde las cuitas se vuelven un mar,
y, sin embargo, el vergel de dolores
que entre los dos conseguimos hacer
lo vencería un racimo de flores,
porque, aunque al fin se marchó nuestro amor,
siempre estarás impregnada en mi ser,
como balandro de paz, sin rencor.
Fecha: 2012