Las olas
acuden incesantes
una y otra vez, multiplicadas,
con su derrame de plata
y rozando la magia...
Olas embellecidas por el atlas
del sol de la noche,
que sorbe los pechos de una esmeralda
cuando se esconde la tarde
a pie de playa...
¡Ay, esmeralda!
que evocas libertad y calma,
y que unos gnomos de los mares azules
te sacaron del meollo
donde fluyen las corrientes abisales...
Todo sucedió al compás de la marea,
que a un sueño de niña
la hizo dama,
del fondo hasta la forma...
¡Ay, esmeralda de mi playa en ámbar!