La ciudad respira lo que fui,
entre luces que caen despacio
y calles que no olvidan.
La tarde se rompe en silencio
mientras la noche toma su lugar,
como si todo supiera
que algo intenta repetirse.
Aparecen rostros nuevos,
con palabras distintas,
con formas suaves de tocar el alma,
como queriendo habitar un espacio
que aún no se cierra.
Aprendo, sí,
miro desde otros ojos,
siento desde otros nombres,
pero hay algo en mí
que no cede.
No es miedo,
es un pulso firme:
mi libertad aun persiste,
todavía no es momento
de quedarme.