Elias Castellano

A TRAVÉS DE...

 

 

 

Hay tres ventanas abiertas.

Abiertas al infinito.

Tras de sus vidrios, seis ojos,

que mirando al más allá

ven a un perro aullando a gritos

junto al cadáver de un hombre

mitad tierra, y mitad mar.

 

¿Y la pócima?

¿Dónde has dejado el veneno?

Sírveme una copa grande

de esa botella del centro

y prepárame una sopa

con la cicuta del huerto.

Que tengo ya aparejada

la mesa para el almuerzo.

 

Quiero ver las amapolas

en el jardín de los cielos.

Quiero cortar las estrellas

con sus pétalos inmensos.

Y ansío, de Santa Eulalia,

que mi sendero me marque

con la sangre de sus pechos.

 

Me haré ceñir un cilicio

oprimiéndome el cerebro

para purgar los sudores

de estos pecados que tengo,

Pecados inconfesables

de pensamientos obscenos

qué encadenado me tienen

al principio de los tiempos.

 

¡Y cierra esas tres ventanas!

Que se están quedando ciegos

estos ojos que contemplan

el duelo de un pobre perro.

 

Qué oscuridad tan brillante

de un más allá sin regreso.

 

Qué falso mundo ficticio

donde nada es verdadero.