El macizo se hizo al viento
y la sombra al crepúsculo.
La borrasca al océano
el pasado al tiempo
el miedo al abismo.
Éramos tú y yo, más nadie,
arquitectos y únicos dueños
del aura astral del mundo.
Tu contorno se hizo a mi silueta
tu saliva a mi piel de musgo
tu longitud a mi infinitud
tu éxtasis a mi embeleso.
Nos deshicimos de gozo
y nuestros quejidos fueron
-en el celaje del oxígeno-
diminutas burbujas de oro.
Luego nada, un plácido silencio:
la brisa, el abrazo y la calma.
La desnudez y la mudez
abarcaron el espacio
de cristal a muro
y el alma...
de pasado a futuro.
Breve, franco, extraordinario:
decidiste irrumpir dulcemente
y modular un limpio “te amo”
En ese instante, nada dije...
permití que mi ateo espíritu
sintiera, nada más sintiera,
que lo perfecto...
¡existe!
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P-Car
Paty Carvajal-Chile
N°1537 – 02.09.2023
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