En el jardín de tu mirar se esconde,
la brisa suave de un cielo en flor,
donde las estrellas, tímidas responden,
al susurro dulce de un eterno amor.
Tus ojos son luceros en la noche,
refugio de la luna en su esplendor,
y en su fulgor mi alma se embriaga,
como el colibrí en el néctar del dolor.
Bajo el manto azul del firmamento,
danzan las sombras al son de tu risa,
y mi corazón, palpitante y lento,
se pierde en el eco de tu brisa.
Oh, amor, serena aurora,
en tus brazos encuentro la paz,
y en el roce leve de tu boca,
la eternidad se detiene fugaz.
Eres río de luz en la penumbra,
caudal sereno que a mi ser invade,
y en la melodía de tu voz profunda,
mi alma florece, arde y arde.