Cuando te ausentas, amor mío,
los días ruidosos aniquilan mi sosiego.
Ya un solo día sin leerte
me lleva al extremo huraño y desmedido.
Y cuando estás aquí, en la retina de mis ojos,
vuelve la paz que solo tú das
y me haces tan tuyo...
¡Oh, bendito despertar en cada verso leído!
Milimétricamente estilizados,
como nacidos en un susurro ligero
de tus labios que yo invento a mis oídos.
La piel toda te extraña, tibieza del alma.
Cuando ya tu presencia se hace ausente,
los espacios que habito
asoman huecas luciérnagas:
sin alas, sin brillo.
Mi vida sin tu poesía:
no es vida, no existo!
— Ferrán Sorel ©®
05-01-26