Un atisbo

AƱorando el entonces

Esa sensación de dejar ir un lugar, 

cuando una casa deja de ser la tuya

 

Miras los muebles por última vez 

y aún te parece oler café recién hecho en la cocina 

y casi podrías jurar que si esperas un ratito más

tu abuelo aparecerá doblando la esquina del pasillo. 

 

Y recorres poco a poco todos los espacios, reviviendo todas las cosas que viviste en ellos:

las emocionantes mañanas de Reyes, 

las cenas en familia,

las tardes ocupadas en las que se disfrutaba el calor de la casa. 

 

Y en cada rincón pareces redescubrir una historia que creías ya olvidada,

y se te encoge el corazón viendo por última vez como el sol ilumina un salón ya prácticamente vacío. 

 

Te invade el miedo de que al dejar ese lugar todo lo que has vivido en él se quede atrapado ahí dentro, 

dejándote de pertenecer.

 

Y aunque sabes que en el fondo que no funciona así, 

que nada va a poder borrar esos años de recuerdos, 

también eres consciente de que una parte de ti se va a quedar en esa casa,

entre esas paredes de gotelé y entre sus suelos de madera. 

 

Pasas las yemas de los dedos acariciando la vieja máquina de escribir 

y en ese momento sabes perfectamente que lo que ya has empezado a añorar no es el aquí

sino el entonces.