Mientras los animales usan el temor para enfrentar el peligro o huir de sus presas, y así evitar ser devorados,
el ser humano ha de enfrentarlo y aceptarlo para no terminar siendo alimentado por él.
Y así, al comprender el miedo y sus motivos, hay dos que nos acercan más al fin de trayecto,a la línea de meta existencial:
la pérdida grave de la salud o la propia muerte.
Ante ambas, como parte necesaria de todo proceso doloroso, solo queda una cosa:
la aceptación.
Y aun así, en muchos casos de enfermedad grave, puede llegar a sentirse que una muerte digna es preferible...
a una vida sostenida en el sufrimiento o en la imposibilidad de ser o de hacer.
Y aunque esto suene fuerte o no sea de buen ver, si ese momento ha de llegar…
que se cierre el telón, y dejar, simplemente, de estar y de ser:
para no terminar siendo devorados por aquello que nunca debió ser.