Y te acostumbras…
a un rostro,
a un cuerpo,
a una persona.
Y el amor existe,
y sí, la relación está bien cimentada;
entonces, la vida se despliega con plenitud.
Y tu pareja te brinda felicidad,
y el rostro sonríe,
y el cuerpo ama, y en él se desenvuelve la pasión,
y la persona vive en comunión.
Y sí, el amor es mutuo
y la relación está viva;
entonces, la vida se multiplica,
y ese hecho es sagrado.
Y el tiempo pasa…
y el rostro cambia,
y el cuerpo se asienta,
y la persona se desarrolla
y vuela, metafóricamente.
Y cuando el amor es verdadero,
y sí, la relación se cuida,
entonces, la vida se disfruta.
Y dejamos de ser jóvenes…
y el rostro se vuelve un mapa emocional,
y el cuerpo se sosiega,
y la persona se torna más sabia, más honda, más intelectual.
Y cuando el amor perdura,
y sí, la relación se mantiene,
entonces, la vida te ofrece bienestar y plenitud.
Y, de repente, así…, envejecemos…
y el rostro se arruga,
y el cuerpo se encorva,
y a la persona le nacen dolencias.
Y sí, el amor te acompaña,
y la relación madura;
entonces, la vida te gratifica
con el momento presente y con la memoria.
Y entonces… uno muere…
y al rostro puede caérsele la dentadura,
y al cuerpo se le debilita la musculatura,
y la persona se vuelve esencia.
Y sí, el amor que forjó tu pasado se vuelve motivo,
y cuando la relación se hace espiritual,
entonces, la vida te permite
descansar en paz.
José Mario Calero Vizcaíno e Inteligencia Artificial
AMOR Y TIEMPO
Te acostumbras
a un rostro,
a un cuerpo,
a una presencia.
Y el amor, si es verdad,
sostiene la casa invisible de los días.
Después, el tiempo pasa.
El rostro cambia,
el cuerpo cede,
el alma aprende a mirar más hondo.
Dejamos atrás la juventud
como quien deja una luz encendida
en una habitación vacía.
Y, sin embargo,
si el amor permanece,
la vida todavía florece
en la ternura,
en la memoria,
en la quietud compartida.
Luego envejecemos.
La piel se arruga,
la espalda se inclina,
el dolor pronuncia su idioma.
Pero el amor,
si ha sido verdadero,
ya no necesita fuerza:
le basta la compañía.
Y al final,
cuando uno se vuelve casi silencio,
casi esencia,
queda lo amado.
Y en esa luz última,
suave y espiritual,
también morir
puede ser descansar en paz.
José Mario Calero Vizcaíno e Inteligencia Artificial