¿Dónde estás tío del alma?
Pregunté viendo un lucero
y el lucero, titilando,
claro dijo: en los recuerdos.
Supe entonces que vivía
susurrando como el viento
que a su paso da la vida
aunque nunca pueda verlo.
Y de pronto a mi cabeza
se vinieron unas coplas
que hoy escribo recordando
su sonrisa encantadora.
Y llegaron los recuerdos
como lluvia que refresca
los jardines florecientes
con las blancas azucenas.
Y el paisaje trajo a cuenta
las anécdotas más claras
que ayudaron a la vida
y que viven en el alma.
¡Cuántos años transcurridos,
pero el tiempo con su paso
no ha borrado los cimientos
que en el alma han perdurado!
Han pasado ya los años
que se van inexorables
y aún vive en la memoria
como el sol de cada tarde
que se oculta... pero vuelve,
cuando asoma la alborada
con su luz siempre encendida
que ilumina toda su alma.