Ferran Sorel
- Madre -
Un día me alejé... ¡a tientas!
Como quien llora y no puede ver,
Como quien arriesga —dejando atrás a lo que más ama—.
¡Nunca la solté del alma!
Ella era todo mi mundo,
Y yo, para ella, fruto de su ser.
Me fui alejando, gallardo...
Nunca le miré a los ojos;
Conociéndola como era ella,
Me hubiese detenido en el intento.
Salté la cerca...
Sin dirección alguna.
Era yo descendiendo a un abismo,
Alucinando ver una montaña
Donde un cielo azul reposaba.
Me fui adentrando, cada vez más ido,
De aquel llanto que no cesaba.
En un punto ya remoto, alcancé la cima más alta,
Y ya sin aliento, doblegado por la fatiga,
Miré atrás...
Y ella, y ella, ya no estaba.
Caí de rodillas, como si todo pesara bajo el cielo...
Y todo ese ímpetu del «ser» terco,
Golpeó la tierra y sacudió al árbol,
Que dormitaba pájaros dorados...
Que volaron,
Llevándose de mis entrañas,
Al ser que yo hoy más extraño.
Ferrán Sorel
Copyright. 05-01-26