Karen Paola Bravo

Con A de ausencia.

Hoy no te escribiré cualquier poema.

Escribiré uno justo,

uno exacto:

uno que lleve tu nombre y apellido

incluso aquel ápodo que, 

como me confiaste, 

tu tía te dio

cuando no eras más que un niño.

 

Será un poema

con las medidas de tus brazos

y de tus piernas,

con el color de tus ojos 

y la delicadeza de tu piel canela.  

 

Te escribiré un poema 

repleto de ternura,

calidez y pureza;

uno compuesto de ventanales y puertas 

y así no te encierres

entre tanta tristeza.

 

Hoy te escribo este poema     

para dejarte en la calma     

de una dulce noche estrellada:

donde los versos te arropen 

como sábanas tibias, 

te arrullen en silencio 

y te alejen de toda agonía; 

mientras su rima te mime,

te bese lento

y sin prisa; 

que la métrica te sostenga la mano, 

camine a tu lado

—como hoy no puedo hacerlo—

y te brinde entereza

por si tu corazón

se ha quedado sin fuerzas. 

 

Créeme que ya no importa la distancia

ni el silencio desalmado, 

sólo importa la certeza 

de que tu recuerdo 

sigue intacto. 

 

No te preocupes

no pienses que me debes algo:

sólo escribo este poema

como quien deja flores en la puerta 

y se marcha,

sin esperar nada a cambio. 

 

Yo sé,

tal vez de lo nuestro

tú te has olvidado.

Yo sé,

tal vez para ti 

he quedado en el pasado

pero sólo basta con que existas:

te sigo amando.