VENTANAS QUE DAN AL CAMPO
Para escribir sobre asuntos del espacio abierto
es lógico venirse a vivir a un pueblo con mucho campo,
con decenas, con cientos de bancales de almendros,
de bancales de olivos, o con almendros y olivos
pues es como si veraneáramos.
Todo el día al lado de una luz espléndida pero también tozuda,
contundente, que desciende y se posa como un peso,
todo el día ordenando las ramitas de los pinos,
que bajan o que suben, que se tuercen a un lado,
al otro lado, a veces solo un poco, nada más que unos centímetros.
A veces, es duro no encontrar demasiado aliciente
cultural, social en estos términos rurales tan extensos,
pero también puedes sentir por aquí un amor estable,
duradero, un amor completo, definido,
como el de los animalillos silvestres del entorno.
Gaspar Jover Polo