Como he de mirarte si ya he conocido de tus pupilas crecientes
la luz y el amor y de tu corazón tibio el refugio de mi cuerpo.
Como he de hablarte si como río discreto he murmurado
en noches enamoradas tu nombre y de la estrella más lejana tu cuerpo.
No sé si decirte amiga, pues has llenado de lunares sonoros mi rostro desvalido
y has bordado con ecos los besos que me has dejado.
Has tomado de mi silencio una alforja llena de ilusiones inmensas;
collares coloridos y frutales. Has tomado de mi vida
el valle ondulado de mi cuerpo y el cierzo divino de mi presencia.
Como he de tocarte si he sentido en lo más profundo de tu primavera
el deleite de acariciar más de una vez tus piernas.
Como he de soñarte; desnuda entre las nubes cubierta de pétalos rojos.
Recorriendo cada rincón de tu piel como navegante en el océano.
No sé si decirte amante puesto que has dibujado con cenizas la fruta
que Adán y Eva mordieron, has teñido de oro mi cuerpo y estoy atrapado
en la nieve inmensa de tu piel.
He gritado buscando una respuesta clara, tengo el corazón agitado por vaciar
mis manos por completo, por llenar entre risas y pláticas los versos que hoy te escribo.
Como he de tratarte si te he querido con la más sincera palabra
con los más auténticos gestos, te he querido sin esperar nada.
Como he de olvidarte si cuando el día está por terminar sé que por las noches
tu silueta regresa transformado en la misma Afrodita.
No sé como llamarte, eres la sangre dentro de mis venas, la sal de los mares,
la estrella del cielo, eres el aliento que recorre mi boca y la voz que emite.
Te miré a los ojos aquella vez, la primera, la única ocasión donde pude confirmar
en mis labios cuando mencioné que mi vida y amor están atados en la mariposa de tu beso.