Pirretráctico

El poeta incide en su fracaso

La tarde está tranquila, es el ocaso
de un áspero rumor que se deshebra
en el diálogo entre Eva y la culebra
y algún otro arquetipo del fracaso.

El de antes fue el primero, el incausado,
previo a que Dios hilara con su tela
la urdimbre del destino y la novela
del hombre de su gozo despojado.

Desde entonces, Santomé se olvidó
de Avellaneda. Sueña su residuo
en su ficción. Como él, he presentido

el despojo de aquello que me amó.
Estoy pensando en un rumor asiduo,
y todo en él confirma lo perdido.