¡Shhh!
No digas nada…
que en tu silencio
mi nombre tiembla.
Acércate,
deja que aire
acune nuestros cuerpos.
¿Sientes?
No es el tiempo—
somos nosotros,
comulgando.
¿Callas?
Entonces deja
que tu silencio
me susurre
lo que arde.
Besar tu aire…
y no saber
si es tu misterio
o mi deseo
lo que tiembla.
No fue delirio.
Fue ese instante antes,
cuando el alma
ya no sabía huir.
Shhh—
no digas nada.
Hay nombres
que solo existen
en la respiración.
Te miré…
y en tu sombra
aprendió mi luz
a desvanecerse.
¿Lo sientes?
No es fuego—
es algo más hondo
que no se apaga.
Yo en ti…
como eco
que atraviesa galaxias.
Tú en mí—
como la noche
que jura no marcharse,
como luna que abraza océanos,
en el mismo horizonte.
Tu sombra se desvaneció
como se apagan las cosas
que no saben quedarse.
No digas nada…
déjame ir.
Que si me nombras,
volveré—
y esta vez
ya no sabré
marcharme.
Si te vas…
y no te sigo.
Porque hay ausencias
que, si se nombran,
regresan—
y yo
ya no sabría
perderte
dos veces.
La 💙 Gitana