Carlos Baldelomar

+ TINTA +

Te esperé tardes
en la mesa de siempre.

Pero admito
que solo una vez me fallaste,
y no fueron los diez minutos
de tu retraso.

Fue tu cuerpo en la puerta,
un relámpago
fijo aún, ahora en mis ojos.

Ahora sepulto letras
en un viejo cuaderno.
Intento gastar esta tinta
que destilan mis manos,
tinta que habla y camina
un poco tosca
que me enferma en las noches,
pero aquí dentro de mí no sirve.

Afuera,
algunos por ahí
amablemente le dicen versos,
o tienen el atrevimiento
de llamarlos poemas
yo,
prefiero llamarlos esperanza.