Sí, lo dice cada instante que a diario
se inclina resignado a la rutina.
El beso, que se aleja de los labios
y cubre con sus velos la neblina.
Las manos, que olvidan en su apuro,
la tibieza que brindan sus caricias.
El sol, que ha perdido ya la prisa
por vernos despertar en las mañanas.
Las flores marchitas del jardín
y el trino de las aves en la distancia.
La ausencia de estrellas en el cielo.
La luna, de blancura entristecida.
Sí, lo dice tu mirada distraída,
que ha llegado el otoño a nuestra vida.