No sé en qué momento
todo empezó a perder sentido.
No fue de golpe,
no hubo un día exacto…
fue lento,
como cuando algo se rompe
sin hacer ruido.
Sigo haciendo lo que tengo que hacer,
hablo, contesto,
hasta me río a veces…
pero por dentro
no pasa nada.
Y eso es lo que más asusta.
Porque no es tristeza,
es peor:
es no sentir casi nada.
Me siento solo
incluso cuando hay gente,
como si estuviera de más,
como si no encajara en ningún lado,
ni siquiera en mí.
A veces me pregunto
si esto soy ahora,
si esto es en lo que me convertí…
o si todavía queda algo
que no terminó de apagarse.
Pero cada día que pasa
cuesta más encontrarlo.
Y yo…
cada vez soy menos.