Perderme para amarte
Te amé con una intensidad que no cabía en el tiempo,
como si cada segundo fuera el último respiro del mundo,
como si mi nombre solo existiera
cuando se pronunciaba junto al tuyo.
Te amé con todas mis ganas,
con todas mis fuerzas desbordadas,
con esa fe ingenua que no pregunta,
que no mide, que no se guarda nada.
Fui borrando mis huellas,
una por una, sin ruido,
para que mi pasado no rozara tu sombra,
para que no te doliera lo que ya no existía.
Desalojé mi corazón,
le quité los muebles, las memorias, las voces,
dejé las ventanas abiertas
para que entraras sin tropezar con nadie.
Te hice espacio donde antes había historia,
te di un lugar donde antes había vida,
y me quedé en los pasillos vacíos,
aprendiendo a ser eco de tu risa.
Te cubrí con mi piel,
como abrigo en noches que no eran frías,
y con mi alma,
como escudo contra tormentas que nunca viste venir.
Quise protegerte de todo:
de lo que dolía, de lo que asustaba,
incluso de mí mismo,
de mis grietas, de mis dudas, de mis sombras cansadas.
Fui refugio, fui calma, fui intento,
fui todo lo que pensé que necesitabas,
aunque en el intento
me fuera quedando sin nada.
Y aun así…
todo no te alcanzó.
No bastaron mis silencios cuidados,
ni mis palabras suaves,
ni las veces que me rompí en secreto
para que tú no tuvieras que sostenerme.
No bastó querer bien,
ni querer mucho,
ni querer como si amar fuera suficiente
para sostener dos mundos distintos.
Y entonces entendí,
tarde, pero claro,
que el amor no siempre salva,
ni siempre construye lo que sueña.
Que hay amores que se entregan enteros
y aún así llegan incompletos,
porque no es cuestión de cuánto das,
sino de cuánto pueden recibirte.
Hoy recojo mis pedazos,
no con prisa, no con rabia,
sino con la certeza de que fui verdad,
aunque no haya sido destino.
Y aunque duela admitirlo,
aunque el alma aún te nombre en silencio,
sé que amarte así…
fue también una forma de perderme.
Pero aquí estoy,
volviendo a habitarme,
reaprendiendo mis rincones,
llenando otra vez el corazón que dejé vacío.
Porque si algo quedó después de todo,
no fue tu ausencia…
fue la prueba de que soy capaz
de amar sin medida,
aunque no siempre alcance.
—Luis Barreda/LAB
Burbank, California, EUA
Noviembre, 2018.