Marvin Ramirez

Confesión

Espero sinceramente que estas palabras no se perciban como un reclamo tardío ni como el eco de una queja, pues mi intención es simplemente desnudar el alma ante la intensidad de lo que provocas en mí.

 

Existe un hechizo ineludible en el momento exacto en que de tus labios se escapa mi nombre; es una melodía que, acompañada por esa sonrisa tuya, pícara y cargada de una travesura irresistible, termina por esclavizar mis sentidos de una manera absoluta.

 

 

Me invade una fascinación casi irracional cuando soy testigo de cómo se te eriza la piel ante el más leve y sutil roce de mis dedos; en ese instante de conexión eléctrica, admito que me vuelvo loco ante la vulnerabilidad y el deseo que compartimos.

 

Contemplarte cuando estás desnuda sobre mi cama es un desafío directo a mi voluntad; es una imagen de tal belleza y entrega que resulta verdaderamente difícil no perder la cordura y sucumbir por completo ante la magnitud de tu presencia. Incluso en el silencio de la noche, cuando estás durmiendo pacíficamente, se desata una guerra silenciosa dentro de mí. Es una lucha constante entre el respeto a tu descanso y el impulso incontenible de despertarte con una lluvia de besos que te devuelvan a mis brazos.

 

Absolutamente cada detalle de tu ser me fascina y me cautiva; me reconozco y me declaro ante ti como tu eterno enamorado, alguien que ha encontrado en tu existencia su razón de ser.

No estoy seguro de si estas confesiones están de más o si solo confirman lo que ya es evidente: que me vuelves loco de amor, o tal vez, para ser honesto, ya lo estaba desde mucho antes de poder expresarlo con palabras.